La promesa de la genómica, la robótica, la informática y las nanotecnologías (GRIN)

última modificación: 04/02/2013 13:05

Este es un documento vivo (más información) titulado "La promesa de la genómica, la robótica, la informática y las nanotecnologías (GRIN)" y desarrollado en el espacio del equipo Web de trabajo colaborativo en Genómica, la Robótica, Informática / cibersalud y Nanotecnologías (GRIN).

Se ha incluido como capítulo 10 en el libro sobre polipatología (índice y PDF del libroPDF del capítulo en inglés, PDF del capítulo en español).

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Viñeta: ¿Cómo podría ser?

Net-Log

Málaga (España), 10 de enero de 2034

Una mezcla de emociones embarga mi alma, si es que queda algo de ella. Ahora lo recuerdo prácticamente todo, especialmente a Laura, la pieza más valiosa de lo que me fue arrebatado.

No puedo seguir eludiendo la verdad: fui el único responsable del accidente. Nunca debería haber conducido bajo una lluvia tan intensa conociendo mi estado de salud. Es cierto que, hasta ese momento, nunca había sufrido un episodio tan severo de desfallecimiento. Pero ese día, más que ningún otro, debería haber sido más consciente que nunca de mis limitaciones.

Íbamos de camino al hospital, donde debían aplicarme la terapia génica de Langerhans que revertiría finalmente mi avanzado estado de deterioro. Una nueva vida, más tiempo para compartir con ella...

Y entonces, el vacío... la incapacidad de recordar nada durante más de cinco minutos, obligando a todos los que me rodeaban a recordarme su nombre constantemente. Tras el accidente, también perdí la vista, y me tuvieron que amputar una pierna. Marcapasos, prótesis de cadera, audífonos… Supongo que me convertí en un monstruo para las personas que me rodeaban. Sin embargo, quizá me quedaba un consuelo en mi interior: el desconocimiento de lo que estaba ocurriendo. Un muerto en vida.

¿Pero qué es lo que soy ahora, en realidad? Mis ojos son nanocámaras. Mis piernas están hechas de metal. Mi cuerpo alberga docenas de dispositivos que regulan mi flujo sanguíneo. Incluso mi mente es artificial: lo llaman neohipocampo y, aparentemente, sustituye la parte de mi cerebro que quedó dañada por la hemorragia causada por el accidente, o por mi enfermedad, qué más da. ¿Y qué es lo que soy ahora? ¿Un hombre o una máquina? O aún peor: ¿qué porcentaje de mí es humano y cuál no lo es? ¿Y mi alma? ¿Aún es humana?

Ahora sufro. Sufro por la ausencia de Laura, que lo era todo. Y puede que mi nueva memoria no me ayude mucho cuando intento dejar de pensar en ella. Por desgracia, parece que funciona muy bien. Aunque, por otra parte, debo reconocer que he podido conocer a mis nietos. Con mis nuevos ojos y mi nuevo cerebro puedo disfrutar de su compañía y, después, recordar cada minuto vivido con ellos. Quizá ya no sea una carga para los demás. Y quizá esos flashes de felicidad con mi familia sirvan para algo más que para compensar mi sufrimiento. Ahora puedo ayudar a otras personas contando mi experiencia en este Registro Biográfico de Bienestar, compartirla con todo el mundo. Quizá eso es lo que significa ser humano ahora.

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Resumen

¿Han llegado los humanos a un momento decisivo en su proceso evolutivo? ¿Han estado preparando a lo largo de toda su historia el camino a los avances que les permitirán superar o erradicar enfermedades antes incurables en este siglo? ¿Alcanzarán la inmortalidad a finales del siglo XXI?

El enfoque “científico” del conocimiento acerca de cuerpo humano empezó durante el Renacimiento, con la observación de la anatomía inanimada en las mesas de disección, para pasar al conocimiento del funcionamiento de los órganos y, más adelante, de los tejidos, de las células y sus orgánulos, para llegar, finalmente, a descifrar el código del DNA, lo que abrió las puertas a una nueva era de prometedoras tecnologías que permiten la manipulación de nuestros cuerpos a nivel molecular. Este mismo proceso se ha dado en otros campos, de forma que la realidad se ha ido descomponiendo gradualmente hasta sus elementos más básicos. Aún está por ver si este proceso de “desmantelar” nuestros cuerpos de manera progresiva se traducirá en una salud duradera, o incluso, en la inmortalidad, como indican algunos científicos destacados.

Independientemente de a dónde nos conduzca la revolución científica actual, se están haciendo importantes esfuerzos para vencer las enfermedades crónicas aprovechando las posibilidades de la genómica, la robótica, la infonomía y la nanotecnología. Este cuarteto tecnológico, también conocido como GRIN, está haciendo que hordas entusiastas de innovadores estén dedicando sus energías y fondos a la ingeniería inversa de la existencia, trabajando para conseguir la reconstrucción artificial de nosotros mismos. Dentro de este gran campo de integración, al que muchos denominan la “gran convergencia tecnológica del siglo XXI”, se encuentran muchas colaboraciones que pueden ser útiles para luchar contra las enfermedades, especialmente, contra las que se consideran incurables y crónicas en la actualidad. Estas tecnologías constituyen también una promesa de dar una nueva forma al destino de nuestra especie.

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¿Por qué es importante este tema?

A lo largo de las últimas décadas del siglo XX, una vez descifrado el DNA, con la potencia aparentemente imparable de los ordenadores y con el aumento de la capacidad de manipular la materia a nivel molecular, los seres humanos empezaron a sentirse cada vez más seguros de su capacidad para erradicar la enfermedad y vencer a la muerte. Sin embargo, a principios del siglo XXI no está claro si eso será posible. Llegados a este punto, hay más preguntas que respuestas obvias, en especial, en relación con lo que parece ser un efecto adverso “incómodo” de nuestro éxito científico y tecnológico desde los tiempos de la Ilustración: la alta prevalencia de enfermedades crónicas y la oleada asociada de polipatología.

Los seres humanos solemos considerarnos la cima de la evolución, creemos que todo lo que ha ocurrido hasta ahora estaba programado para dar como resultado nuestra especie. No obstante, también es posible que los seres humanos seamos simples partículas evolutivas que se mueven en una trayectoria que llevará a un futuro sin ellos. Dada nuestra capacidad para crear extensiones tecnológicas de gran potencia para superar la mayoría de nuestras limitaciones físicas (y, cada vez más, cognitivas), entonces, es razonable hacerse una pregunta: ¿Somos simplemente elementos de transición en el camino a una especie “post-humana”?

Desde Darwin, sabemos que los individuos mejor dotados genéticamente son los que tienen la mayor probabilidad de sobrevivir y reproducirse. Sin embargo, los seres humanos hemos conseguido en gran medida interferir en las leyes de la evolución.

En la actualidad, los portadores de genes defectuosos sobreviven y se reproducen gracias a los avances científicos, lo que permite un incremento, incluso en términos acumulativos, en los índices de supervivencia de especímenes que garantizan la presencia de esos genes en generaciones posteriores. Así, hoy en día, los hijos de diabéticos y hemofílicos pueden vivir con diabetes y con hemofilia, y alcanzar de todos modos una esperanza de vida lo suficientemente larga como para reproducirse e, incluso, “adquirir” más enfermedades crónicas. Hasta hace menos de un siglo, eso habría sido impensable (1, 2).

Sin embargo, al juguetear con la naturaleza, no sólo estamos ralentizando los aspectos accesorios del proceso evolutivo, sino que, a la vez, estamos acelerando el proceso desde la perspectiva de la adaptación. Los cambios genéticos que, de otro modo, necesitarían miles o incluso millones de años para producirse, hoy en día se pueden implementar por medio de sencillas técnicas de manipulación en el laboratorio o en el centro de investigación de cualquier institución de dimensiones medianas. Ahora somos capaces de mejorar el cuerpo humano modificando una función orgánica por medio de la sustitución de partes del DNA o implantando dispositivos biomédicos.  

Tradicionalmente, desde la infancia, se nos ha enseñado que la vida se compone de cuatro etapas: nacimiento, crecimiento, reproducción y muerte. Dado que la mayoría de adultos tienen hijos antes de los cuarenta años, sería fácil entender que con la reproducción cumplimos nuestro propósito esencial: la supervivencia de nuestra información genética como especie. A partir de ese momento, como ocurre con el resto de seres vivos, todo lo que nos debería quedar es un reequilibrio alquímico con el entorno una vez alcanzado nuestro punto máximo de entropía... nuestra muerte. Sin embargo, el ser humano ha seguido un camino diferente. Gracias a la ingente potencia de cálculo de nuestros cerebros en paralelo hemos sido capaces de lanzarnos a la búsqueda sin tregua de la inmortalidad, lo que nos acerca al punto en el que quizá seamos capaces de superar muchas de las limitaciones más básicas (3): unidades basadas en carbono, de huesos débiles rodeados de tejido blando, que necesitan intervalos reducidos de pH y temperatura y la presencia permanente de O2. Algunas personas incluso conciben un futuro no demasiado lejano en el que nuestras invenciones superarán todas nuestras capacidades, desdibujando las fronteras entre los humanos y las máquinas, lo que nos convertiría en una nueva entidad individual, conocida como la Singularidad (4).

En este capítulo se recogen las principales fuerzas que parecen dirigir este proceso evolutivo sin precedentes en este momento: la genómica, la robótica, la infonomía y las nanotecnologías, que se conocen, en conjunto, como GRIN (5).

 

¿Está seguro que desea eliminar esta sección?La promesa de la genómica, la robótica, la informática y las nanotecnologías (GRIN) : ¿Qué sabemos?
 
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¿Qué sabemos?

En lugar de los tradicionales arquetipos futuristas de robots humanoides que recogen de nosotros información fisiológica mientras dedican su tiempo libre a hacerse cargo de las tareas del hogar, las tendencias tecnológicas apuntan a escenarios mucho más complejos en los que miles de dispositivos interconectados ofrecen servicios ubicuos (6). Ya estamos siendo testigos de esto en una gran cantidad de proyectos que promueven el Ambient Assisted Living (AAL), un ámbito al que se está prestando bastante atención en las regiones de mundo en las que se registra una esperanza de vida más larga, como Japón y la Unión Europea (7-8).

A continuación presentamos un resumen de lo que está ocurriendo en relación con cada uno de los componentes del movimiento GRIN.

El factor G

Hoy en día ya es relativamente sencillo modificar la estructura de una sección del DNA en un laboratorio, utilizar un virus para introducirlo en una célula y ver si realiza una función determinada. No obstante, esta proeza tecnológica no se ha traducido en los avances espectaculares en la gestión de la enfermedad que se esperaban cuando se descifró el genoma humano. Aunque podría parecer que es sólo cuestión de tiempo (9), es posible que, debido a la multiplicidad de elementos que explican la mayoría de las dolencias crónicas que afectan a los seres humanos, la medicina regenerativa y la terapia génica solo tendrán éxito a la hora de curar un puñado de enfermedades de poca importancia, y no podrán aportar las esperadas “soluciones milagrosas” que servirían para corregir los principales factores de morbilidad y de mortalidad de cada una de las enfermedades principales. El panorama aún es más desolador en relación con las posibles terapias génicas para las enfermedades crónicas múltiples.

El factor R

También se ha producido un desarrollo impresionante en lo referente a la terapia robótica (10). Sin embargo, los resultados están aún lejos de cubrir las expectativas de hace unas décadas.

En Metrópolis, la famosa película de los años 20 dirigida por Fritz Lang, una sociedad futurista estaba dividida en dos castas, la de los pensadores y propietarios, que vivían en la superficie, y la de los trabajadores, que vivían en el subsuelo, trabajando incesantemente para mantener el ritmo de vida de sus dueños. A la larga, las dos castas entran en conflicto. María, la líder de los oprimidos, es secuestrada por los señores de la superficie y sustituida por una réplica androide con el fin de sembrar el caos entre los rebeldes. La imagen humanoide de este robot se convirtió entonces en el arquetipo popular que ha inspirado a partir de ese momento a cientos de investigadores que se dedican a la inteligencia artificial, y que han visto en la replicación de la forma humana el camino lógico hacia el futuro. Sin embargo, esta visión descendente defendida por muchos ha sido cuestionada con argumentos convincentes.

Muchos expertos destacados creen que se deberían fomentar las condiciones básicas necesarias para permitir que los sistemas de inteligencia artificial evolucionen de manera espontánea, aprendiendo de una forma auto-organizada, con el convencimiento de que, una vez que hayan sobrepasado un cierto umbral de procesamiento de información, emergerá el comportamiento inteligente. En ese caso, el objetivo sería intentar emular lo que ocurre, por ejemplo, en colonias de termitas, que son capaces de manifestar la aparición de un comportamiento inteligente que les permite construir sofisticados sistemas de ventilación y almacenaje, de un modo que no podría explicarse por la suma aritmética de sus inteligencias individuales. En este caso, la transferencia de mensajes químicos sencillos a corta distancia puede generar reacciones coordinadas muy precisas semejantes a las de las neuronas que interactúan por neurotransmisión en las sinapsis.

A medida que evolucionan estas dos corrientes opuestas se está desarrollando una vía intermedia, representada por los avances en las llamadas “interfaces humano-máquina”. Precisamente, se trata del mismo enfoque que ha guiado el desarrollo de herramientas capaces de superar nuestras limitaciones (por ejemplo, poleas, automóviles, aviones, ordenadores). En la actualidad, se están desdibujando las fronteras entre lo biológico y lo artificial. Se están empezando a utilizar avanzadas técnicas quirúrgicas para incorporar creaciones cibernéticas como extensiones de nuestras propias estructuras biológicas, rozando, en muchos casos, lo que algunos aún ven como ciencia ficción. Las enfermedades crónicas relacionadas con la pérdida de extremidades a consecuencia de accidentes, especialmente de tráfico y en el lugar de trabajo, se solucionan con sofisticadas prótesis mioeléctricas controlables y con técnicas de reinervación (11) que pronto podrían incorporar interfaces hápticas capaces de proporcionar el sentido del tacto. Las innovaciones robóticas cognitivas también se están viendo estimuladas por los avances de la resonancia magnética funcional, que permite la observación detallada de la actividad neurológica en zonas afectadas por enfermedades neurodegenerativas o por infartos cerebrales.

El factor I

Las tecnologías de la información y la comunicación son algo más que otra simple pieza en el rompecabezas que estamos describiendo aquí. En esencia, son el adhesivo que amalgama todo el complejo GRIN y sustenta su potencial.

El poder de las redes sociales online ha quedado claramente demostrado durante los desastres naturales (12). Cuando los sistemas oficiales de gestión de la información quedaron inutilizables debido al paso del huracán Katrina, personas anónimas fueron capaces de generar, en cuestión de horas, un conjunto de recursos online y una base de datos de las víctimas, lo que permitió a miles de personas localizar a sus parientes rápidamente. (13).

De forma similar, muchos pacientes que anteriormente debían soportar en soledad a diario las consecuencias relacionadas con las enfermedades crónicas, ahora están empezando a unir sus fuerzas y a darse apoyo unos a otros como “prosumidores” (14,15) o como e-pacientes (16).

Además del nivel creciente de emancipación de los pacientes que permiten las redes sociales, se está produciendo otro cambio importante en la forma en que los seres humanos crean y gestionan el conocimiento, un cambio provocado por las webs híbridas o "mash-ups"(17). En esencia, esto se refiere a algo como coger “un poquito de esto y una pizca de aquello” con el fin de extraer y mezclar elementos funcionales distintos de diferentes aplicaciones con un nuevo resultado. En consecuencia, ahora es posible combinar registros sanitarios electrónicos, enormes bases de datos demográficos, mapas online y potentes herramientas estadísticas para crear representaciones espaciales dinámicas de la distribución de enfermedades en una población, y sus factores de riesgo asociados (18).

Otro conjunto de cambios se ve alimentado por la oleada sin precedentes de convergencia tecnológica que está dando paso a la era de la mHealth (salud móvil), capitaneada por dispositivos de telecomunicaciones móviles conectados a internet. Este hecho está provocando la aparición de potentes soluciones de asistencia sanitaria a distancia diseñadas para mejorar la calidad de vida de las personas que viven con enfermedades crónicas y para optimizar el uso de los recursos limitados (19).

Desgraciadamente, poco se sabe sobre el valor de este verdadero renacimiento a la hora de aliviar el sufrimiento de las personas que padecen múltiples enfermedades crónicas.

El factor N

Las nanotecnologías, que permiten la manipulación de la materia a su escala más pequeña, están dando lugar al nacimiento de un ámbito ya conocido como “nanomedicina”, un híbrido entre la física y la biología que fomenta la interacción entre el cuerpo humano y diferentes materiales, estructuras o dispositivos que operan a escala nanométrica.

El aspecto más importante de las nanotecnologías se basa no solo en la manipulación de la materia en sí, sino en el potencial que se deriva del cambio radical sufrido por las propiedades físicas y químicas de la materia cuando se trabaja a esa escala (20): conductividad eléctrica, color, resistencia y elasticidad (21).

Actualmente, la aplicación de la nanomedicina se centra en tres corrientes transversales principales, independientemente de la patología de que se trate (22):

- La nanodiagnosis, que comprende el desarrollo de sistemas de análisis y de diagnóstico por la imagen diseñados para detectar enfermedades tan pronto como sea posible, tanto in vivo como in vitro. Hay un campo de trabajo prometedor que se centra en los nanobiosensores (21), unas minúsculas herramientas que combinan receptores biológicos (una célula, un fragmento de DNA o proteína) capaces de detectar la presencia de una sustancia, con sensores o transductores capaces de medir cualquier reacción relacionada.

- La nanoterapia, la administración controlada de medicamentos a través de sistemas capaces de entregar medicamentos exclusivamente en las partes o células afectadas del cuerpo, con la esperanza de alcanzar los máximos efectos terapéuticos con el mínimo de efectos adversos, o con ningún efecto adverso. Se está realizando una interesante labor acerca de las nanopartículas biodegradables inocuas (23), que pueden transportar medicamentos y, después, ser eliminadas de forma efectiva por los riñones una vez cumplido su cometido (24).

- La nanoregeneración, cuyo objetivo es reparar o sustituir órganos o tejidos dañados. Por ejemplo, se están creando nanotubos de carbono (25) para fabricar extremidades de sustitución con niveles de rendimiento que superan los de sus equivalentes naturales.

Desgraciadamente, el conocimiento del que se dispone acerca del papel que tienen las nanotecnologías en la gestión de enfermedades crónicas múltiples es escaso.

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¿Qué hay que saber?

Estas son algunas de las cuestiones clave a las que se debe prestar especial atención (pese a que puede que no tengan respuesta):

  • ¿Son las enfermedades crónicas múltiples el precio inevitable a pagar por una mayor longevidad?
  • ¿El nivel de complejidad de la mayoría de las enfermedades crónicas múltiples supera la capacidad que tienen las tecnologías GRIN de ofrecer soluciones?
  • Aunque pudiéramos erradicar las enfermedades crónicas mediante las tecnologías GRIN a medio o largo plazo, ¿seríamos capaces de utilizar las innovaciones para mitigar su impacto a corto plazo?
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¿Qué estrategias innovadoras podrían acortar las distancias?

Aprovechar el poder de las tecnologías GRIN que están surgiendo requerirá un equilibrio prudente entre la inevitable superespecialización que les es inherente y la necesidad de crear respuestas a los retos relacionados con las múltiples enfermedades crónicas que sean aplicables a todo el sistema. En consecuencia, será necesario dotar a los médicos,  a los legisladores y a los gestores sanitarios de capacidades realmente interdisciplinarias.

También será esencial desarrollar “tecnologías puente” y poderosos incentivos para fomentar un flujo de conocimientos eficiente más allá de los límites de cada uno de los dominios tecnológicos. Las herramientas y los encargados de la gestión del conocimiento, por lo tanto, deberán actuar como el pilar central de la reutilización sostenible de la información, cuyo promedio de vida útil continuará reduciéndose.

Además, serán necesarios nuevos modelos de negocio y marcos éticos para acortar radicalmente las distancias entre los laboratorios y la sociedad, lo que permitirá adoptar los avances científicos con suficiente inmediatez.

Serán igualmente esenciales nuevas metodologías que permitan a los médicos, gestores, legisladores y el público en general tomar decisiones basadas en la información, a una velocidad que se corresponda con el ritmo de la innovación tecnológica (26).

Para los teóricos de la tecnología GRIN, los seres humanos pronto serán capaces de ganar más de un año de esperanza de vida por cada año cronológico, con lo cual tendremos la inmortalidad al alcance de la mano antes de que finalice el siglo XXI. Otros consideran que la misma destreza tecnológica que dio lugar al nacimiento de las tecnologías GRIN nos ha otorgado la capacidad de destruir nuestras propias fuentes de supervivencia, lo que nos convierte en una especie suicida con pocas probabilidades de sobrevivir para ver el final de este mismo siglo (27-28). Dado que es imposible predecir el futuro, lo único que podemos hacer en este momento es esperar lo mejor y estar siempre tan receptivos como sea posible a las innovaciones que podrían ayudar a aliviar el dolor, la ansiedad, el miedo, la tristeza y la desesperación causados por las múltiples enfermedades crónicas. En cuanto al resto… ya veremos.

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Contribuyentes

Julio Lorca escribió el primer borrador de este capítulo en español y aprobó su traducción al inglés. Alejandro Jadad revisó la traducción al inglés y la editó exhaustivamente. Esta versión, que se traducirá al español, se encuentra en estos momentos en el proceso de edición previo al lanzamiento del libro a principios de junio de 2010.

El principal colaborador es el responsable del contenido, que no representa necesariamente el punto de vista de la Junta de Andalucía o de cualquier otra institución que haya participado en este esfuerzo conjunto.

Agradecimientos

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Cómo citar este capítulo

Lorca J*, Jadad AR. [*Contribuyentes principales] La promesa de la genómica, la robótica, la infonomía y las nanotecnologías (GRIN). En: Jadad AR, Cabrera A, Martos F, Smith R, Lyons RF. When people live with multiple chronic diseases: a collaborative approach to an emerging global challenge. Granada: Escuela Andaluza de Salud Pública; 2010. Disponible en: http://www.opimec.org/equipos/when-people-live-with-multiple-chronic-diseases

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La promesa de la genómica, la robótica, la informática y las nanotecnologías (GRIN) por
Lorca J y Jadad AR está bajo licencia Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.
 

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